Un verano ochentoso, no era verano sin la diversión absoluta de perseguir y mojar a los demás con el Bombero Loco: amigos, familia, compañeros de colegio, etc.¿Quién no fue una y otra vez a la canilla para cargarlo y seguir jugando? Era muy de los primeros ochentas. Me acuerdo de ir a la colonia de vacaciones y llevarlo. Casi todos tenían el suyo.
El combo perfecto para disfrutar a full el verano era tener el Bombero Loco y además asegurarse una buena provisión de Bombuchas.
Sin duda, el Bombero Loco representa un ícono de los carnavales de aquellos años.
Lic. ALE LAVALLE





