
martes, 20 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
BABY, BABY, CALL ME NOW... Los teléfonos públicos de Entel.

La blonda afro Luisa Albinoni nos taladró la cabeza con su mítico latiguillo "¡Hola, mamiii...!", que repetía una y otra vez gracias a un símbolo ineludible de la comunicación telefónica comandada por la Entel de los ochenta: los teléfonos públicos. Imposible olvidar los vetustos apratos anaranjados y las cabinas acrílicas -quasi galácticas- que recubrían a los aparatos a cospel. Las calles porteñas se modernizaron con la escenografía espacial que la empresa del Estado instaló por doquier y hacía las veces de elemento indicativo de la avanzada hi tec. Más cerca de lo lúdico que de lo funcional, recuerdo que el interior calado con micropuntitos y la observación del cielo a través de las semiesferas de cromaticidad pop me provocaban una atracción casi hipnótica. Cospeles, discado y burbujas en naranja, rojo y otros colores estridentes delineaban el perfil de lo que más adelante serían los locutorios. Toda una mística: ir al kiosco a comprar las redondeces de opacidad dorada, dirigirse a un teléfono que funcionara bien y no hubiera sido destrozado por vándalos, discar y lograr enlazar con otro receptor. El paleolítico del i-Phone, las antípodas del 4G.

La blonda afro Luisa Albinoni nos taladró la cabeza con su mítico latiguillo "¡Hola, mamiii...!", que repetía una y otra vez gracias a un símbolo ineludible de la comunicación telefónica comandada por la Entel de los ochenta: los teléfonos públicos. Imposible olvidar los vetustos apratos anaranjados y las cabinas acrílicas -quasi galácticas- que recubrían a los aparatos a cospel. Las calles porteñas se modernizaron con la escenografía espacial que la empresa del Estado instaló por doquier y hacía las veces de elemento indicativo de la avanzada hi tec. Más cerca de lo lúdico que de lo funcional, recuerdo que el interior calado con micropuntitos y la observación del cielo a través de las semiesferas de cromaticidad pop me provocaban una atracción casi hipnótica. Cospeles, discado y burbujas en naranja, rojo y otros colores estridentes delineaban el perfil de lo que más adelante serían los locutorios. Toda una mística: ir al kiosco a comprar las redondeces de opacidad dorada, dirigirse a un teléfono que funcionara bien y no hubiera sido destrozado por vándalos, discar y lograr enlazar con otro receptor. El paleolítico del i-Phone, las antípodas del 4G.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
ENTEL: "DALE, TE LLAMO... ¡DENTRO DE DOS AÑOS!" Algo tan simple como hablar por teléfono, era toda una odisea en los 80's.ENTel es un ejemplo de lo desastrozas que fueron las empresas públicas argentinas. A partir de la dictadura militar, la empresa entró en una debacle absoluta e irreversible. Tener un teléfono en los ochentas se convirtió en una mezcla de odisea y logro similar a ganarse la lotería. Pedir una línea significaba entrar en una espera eterna. Y lo peor de todo es que andaban mal, se ligaban las llamadas y las tarifas eran carísimas. Las cabinas naranjas de los teléfonos públicos eran más escenográficas que funcionales, los cospeles eran comidos por los vetustos aparatos de tubo grisáceo y discado numérico que pocas veces estaban en buen estado. Además, no existían los locutorios. En 1989, asumió Menem y al año siguiente, María Julia mediante, llegaron las privatizaciones. A partir de ese momento, Telecom y Telefónica se repartieron la torta de las telecomunicaciones. Para amenizar aquellos años de incomunicación, una ochentosa/setentera: Raffaella Carrá, 03-03-456 Nananá nanananá.
LIC. ALE LAVALLE (NANANA NANANANA)
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